La sintomatología central del trastorno va a aparecer antes de los cinco o seis años e inicialmente va a manifestarse como una inquietud excesiva que les lleva a correr constantemente, a encaramarse a los sitios, a cambiar constantemente de actividad y a ser incapaces de permanecer sentados para comer o para realizar las tareas escolares.
Según van creciendo estos niños y de forma paralela a como va creciendo el niño, la demanda académica la falta de atención va haciéndose más patente y lleva siempre a un rendimiento académico por debajo de sus posibilidades.
En la edad escolar y en la adolescencia a esta sintomatología, hay que añadir la impulsividad que tiene como principal consecuencia una mayor tasa de conflictos entre iguales, y a una mayor tasa de conductas de riesgo.